Y no, no empezaría con el típico “erase una vez” porque tú no eres una vez, tú eres todas las veces y es inevitable. Cómo si tú tan verso, yo tan prosa nos complementamos; somos día y noche, sol y luna, silencio y melodías… No hay lógica, no. Pero hay manías que se entrelazan y recubren los cuerpos, las mentes deseosas de amar y era eso. Teníamos tanto en común yo lo amaba y él se amaba a si mismo tanto que no veía mi amor por él. A veces no lo culpo, que podía esperar si los que sueñan de día saben muchas cosas que se pierden los que solo sueñan de noche. El problema es que mi cabeza es un pandemonio: una cantidad de ideas, sentimientos de amor y de odio, preguntas, resentimientos y recuerdos se mezclan y aparecen suavemente, pero por fría que fuese mi noche triste no eché al fuego ni uno solo de los besos que me diste. Ahora quisiera hablar de ti a todas horas en un congreso de sordos, enseñar tu retrato a todos los ciegos que encuentre. Quiero darte a nadie para que vuelvas a mí sin haberte ido. Posiblemente me quisiera vaya uno a saberlo, pero lo cierto es que tenía una habilidad especial para herirme, por eso sigo mal y seguiré peor, pero voy aprendiendo a estar sola y eso ya es una ventaja y un pequeño triunfo. Y debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría. Que me encanta mirarte y que te hago mío con solo verte de lejos. Que adoro tus lunares. Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque estemos destinados a no ser. Y algún día (tal vez no lejano) nos cruzaremos en un bar o en el metro. Fingiremos no reconocernos o no vernos, nos apartaremos rápidamente. Sentiremos vergüenza por lo que ha sido de “lo nuestro”, por lo que ha quedado. Nada. Dos extraños con un ficticio pasado común, por el que tanto tiempo y con tanto descaro se habían dejado engañar…. Pero a veces me llega la hora de preguntarme con dignidad, con grandeza, con unos deseos incontenibles de vivir, qué hacer con el amor que se me ha quedado sin dueño. Él dijo que se iría y se llevaría todo lo que fuese de él, y en efecto, se fue y se llevó todas sus cosas, todo lo que era suyo. Se llevó todo. Y no me llevó a mí sabiendo que era suya.